Crossroads
Moisés admitió que era tartamudo
y tuvo que depender de su hermano menor, Gedeón dudaba
de su liderazgo tanto que probó a Dios dos veces con
el "vellón de lana", y Eliseo tuvo que recibir
el "manto" o sin él no se sentía respaldado
por el poder de Dios. ¿Está Ud. en una encrucijada?
Un General sabio en una ocación dijo, "He visto
al enemigo, y el enemigo soy yo". Lo más duro de
quebrar es nuestra armadura. Aunque creamos mucho de nosotros,
en los ojos de Dios todavía no hemos llegado.
El orgullo nos prohibe crecer. Es un veneno que Sansón,
el Rey Saul, Lot y muchos otros tomaron a menudo en su búsqueda
carnal. Es en "viéndonos en el espejo" que
empezamos a vencernos. La amenaza más fuerte que enfrentamos
no es externa, sino es interna. ¿Por qué se encuentra
"Honra a tu Padre y a tu Madre" en los 10 Mandamientos?
No es solo para enseñarnos a obedecer sino es para enseñarnos
como entregar el honor a otros y sentirnos felices a la vez.
¿Te encuentras en una encrucijada? Tu "fatiga"
no es el problema, es un síntoma; la raíz de tu
problema es la falta de confianza total en Dios. ¿Por
qué tenemos tantas "personas pequeñas"
espiritualmente en el mundo Cristiano? La razón es que
cuando hay "controversia" la mayoría escogen
huir; no quieren resolver el dilema. El pugilista norteamericano
George Foreman, ganó el Campeonato Mundial de pesos pesados,
de nuevo, en sus 40s, cuando él decidió arriesgarse
en el rin y mostrarle al mundo quien podría él
volver a ser.
¿Quiénes somos hoy, águilas o pollos de
prairera? ¿Qué crees que Dios decidería
que fuéramos? Acuérdate, las águilas son
dueños del cielo, los pollos pican y pican y no llegan
a lugares significantes. ¿Que no está tu destino
en las manos de Dios? Empero, resta de nosotros si queremos
que nuestra vida sea fructífera o sin fruto, ungida o
"salada". En todo lo que hagamos o digamos o pensamos,
estamos edificando nuestra vida o quebrantándola. No
escondamos la verdad, edifiquémonos al confiar totalmente
en Dios y pedir el consejo cuando halla necesidad. Compartamos
nuestra fe con otros que encontremos en nuestro camino. Honrémonos
al honrar a otros. Al hacerlo, aunque suframos pérdida
o nos sintamos "entre la espada y la pared", nuestra
alma no está encarcelada, estamos libres y no somos esclavos
de la carne. Solamente aquellos que admiten lo que no son, podrán
verdaderamente llegar a ser quién deberían ser.
Crezcámos!
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